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INTELLIGENTI PAUCA - Cómo Benedicto XVI ha revelado la Sede Impedita
El dicho latino "Intelligenti pauca" se traduce fácilmente en español con el proverbio "A buen entendedor, pocas palabras bastan". Sin embargo, palabras, el Santo Padre Benedicto XVI nos ha dejado no pocas, sino incluso demasiadas para hacernos comprender la nada fácil cuestión canónica relativa a su dimisión.
Como hemos ilustrado en el breve documental "Dies Irae", el correspondiente ideal de este video, el Papa Benedicto —obligado a quitarse de en medio por los poderes fuertes internacionales y por la parte disidente interna del "grupo de San Galo" que apadrinaba a Bergoglio— hizo en modo que los mismos cardenales, al convocar un cónclave abusivo el 1 de marzo de 2013, le pusieran (sin ser conscientes de ello) en Sede Totalmente Impedida.
Este es un estatus canónico alternativo a la Sede Vacante, en el que el Papa no ha abdicado, sino que está prisionero, confinado o exiliado. Sin embargo, en Sede Impedita, el Papa sigue siendo el Papa a todos los efectos, hasta el punto de que si se elige a otro, este se convierte en antipapa; así, el pseudopontificado de Francisco deberá ser anulado.
En nueve años de su vida como Papa Emérito (es decir, como Papa Impedito), Benedicto XVI ha diseminado en cantidad de libros, cartas y entrevistas, cientos de frases y expresiones que a él le han permitido decir siempre y en cualquier caso la verdad, y a nosotros nos han permitido reconstruir, en casi tres años de investigación, la compleja vicisitud canónica resumida luego en el bestseller "Código Ratzinger".
Estos mensajes fueron construidos por el Papa alemán gracias a su cultura sin límites, a su férrea inteligencia lógica y a su extraordinaria profundidad espiritual, teológica e profética. En efecto, lo que para facilitar su divulgación hemos denominado el "Código Ratzinger" es un estilo de comunicación que tiene su fuente en el de Jesucristo, el cual a menudo no era comprendido inmediatamente ni siquiera por los apóstoles.
Como sabéis, el Salvador hablaba a quien tenía oídos para oír, a menudo contando parábolas o enseñando a través de equívocos iniciales y anfibologías (es decir, expresiones con doble sentido). Benedicto XVI, sin embargo, ha incluido a veces en el propio código comunicativo incluso acentos de humor refinado; y no sorprende saber que su actor favorito en su juventud fuera el humorista alemán Karl Valentin, especializado en desmontar las frases y extraer de ellas brillantes juegos de palabras.
Los mensajes del Papa Ratzinger son muy diversos y variados: los hay para todas las inteligencias, desde los más fáciles e inmediatos (que no requieren ningún esfuerzo intelectual) hasta otros más complejos para cuya resolución ha sido necesario un estudio en profundidad. El mensaje anfibológico más sencillo es el que él repitió durante nueve años: "El Papa es solo uno", sin explicar nunca si era Francisco o él mismo.
Así como siempre, anfibológicamente, repetía que había renunciado libremente a su ministerio. Pero, ¿a cuál de los dos? ¿Al ministerio-munus o al ministerio-ministerium? Ambos se traducen en español con la misma palabra "ministerio", pero tienen un significado muy diferente, con consecuencias jurídicas impresionantes: si el Papa pierde il munus ha abdicado; si pierde el ministerium (como fue el caso de Benedicto XVI) está impedito.
Entre los mensajes más evidentes, pocos saben que periódicamente el Papa Benedicto, desde 2013 hasta el 2022, ha impartido a menudo por escrito su Bendición Apostólica, una prerrogativa exclusiva del Papa en ejercicio. Por lo tanto, si el Papa es solo uno y él mismo impartía la Bendición Apostólica, no es difícil llegar a la conclusión de la cuestión.
Otras declaraciones, en cambio, son absolutamente unívocas, como la contenida en una carta enviada en respuesta a una fiel a través de la Secretaría de Estado: «El Papa Emérito Benedicto XVI ha acogido la carta [...] el Sumo Pontífice anima a dirigir nuestra mirada al Padre Celestial». Como veis, el Papa Emérito es el Sumo Pontífice: el mismo que se emocionó por los sentimientos de devoción filial de la creyente.
También entre los códigos Ratzinger más inmediatos, recordamos el del libro de entrevistas "Últimas conversaciones" de 2016, en el que el periodista Peter Seewald pregunta al Santo Padre: «Uno se imagina que el Papa, el Vicario de Cristo en la tierra, debe tener una relación particularmente estrecha e íntima con el Señor». Respuesta: «Sí, debería ser así, y no es que yo tenga la sensación de que Él esté lejos». Como se lee, Benedicto XVI estaba aquí asumiendo implícitamente la premisa de la pregunta: a saber, que él fuera el Papa y el Vicario de Cristo.
Aún más explícito fue el discurso durante su última audiencia el 27 de febrero de 2013, cuando el Papa Benedicto se remontó con la memoria a su elección en 2005: «El "siempre" es también un "para siempre" [...] Mi decisión de renunciar al ejercicio activo del ministerio no revoca esto». El Santo Padre lo declaró explícitamente: él renunció solo al ejercicio activo del ministerio (al ministerium precisamente), pero tal renuncia no revocaba el ser Papa (el munus). Lo había dicho abiertamente, pero en aquel momento nadie tenía oídos para oír.
Escuchémosle de nuevo: «No abandono la cruz, sino que permanezco de manera nueva junto al Señor Crucificado [...] Ya no tengo la potestad del oficio para el gobierno de la Iglesia, pero en el servicio de la oración permanezco, por así decirlo, en el recinto de San Pedro». Habiendo renunciado al poder práctico del cargo que le había sido quitado a causa de la Sede Impedita, Benedicto XVI no bajó de la cruz: permaneció en el "recinto de San Pedro", término claramente evocador de un estado de prisión.
Pasemos ahora a un nivel un poco superior, el de los llamados "mensajes medios". Especialmente graciosa es la respuesta que el Papa dio en 2016 al entonces vaticanista de La Stampa, Andrea Tornielli, que le había preguntado cómo era posible que hubiera conservado la vestidura blanca y el nombre pontificio: «La conservación del hábito blanco y del nombre Benedicto es algo simplemente práctico: en el momento de la renuncia no había disponible otra ropa. Por lo demás, llevo el hábito blanco de una manera claramente distinta a la del Papa».
Ahora bien, en vuestra opinión, ¿en los tres años transcurridos desde la Declaratio, el Papa Benedicto no había conseguido encontrar una sotana negra de obispo o de cardenal en toda Roma? Naturalmente, dado que Benedicto no había abdicado sino que estaba impedito y siempre había seguido siendo el Papa, lo más práctico era mantener tanto el nombre como la vestidura blanca. Sin embargo, el Papa Ratzinger prescindió de la esclavina y del fajín en la cintura para distinguir su hábito del de un Papa normal en plena posesión de su ministerium.
En el mismo libro de 2016, Seewald se refiere a la profecía del obispo medieval San Malaquías, quien según ciertas interpretaciones terminaría con el Papa Benedicto XVI. Pregunta de Seewald: «¿Y si usted fuera efectivamente el último en representar la figura del Papa tal y como la hemos conocido hasta ahora?». Respuesta de Benedicto XVI: «Todo puede ser».
Una respuesta increíble porque, según la narrativa oficial, después de Benedicto XVI estaría el Papa Francisco; pero el Papa Ratzinger no lo considera en absoluto como Papa canónico porque, en efecto, Bergoglio es un antipapa. En este dramático mensaje reside toda la incertidumbre del futuro de la Iglesia: si el próximo cónclave no incluirá exclusivamente a verdaderos cardenales nombrados por verdaderos papas anteriores al 2013, continuará la línea sucesoria antipapal de Bergoglio, carente del munus petrinum.
Hay luego algunos mensajes confiados por el Papa a su secretario Monseñor Gänswein. Uno de los más geniales lo proporcionó en respuesta a una pregunta de un sacerdote bergogliano sobre en comunión con quién celebraba la misa el Papa Benedicto. La respuesta tortuosa de Monseñor Gänswein fue: «El Papa Benedicto no ha mencionado nunca ningún otro nombre en el Canon de la misa, y nunca se ha nombrado a sí mismo en el Canon».
La frase está articulada genialmente para referirse a la fórmula litúrgica con la que il Papa celebra la misa: «En comunión conmigo, tu indigno siervo». En este caso, en efecto, el Papa Benedicto no nombraría ni el suyo ni ningún otro nombre en el Canon de la misa. El punto final fue proporcionado por un desafortunado episodio en noviembre de 2022: Don Alessandro Minutella recibió una carta con el membrete de Monseñor Gänswein en la que se le recriminaba severamente, afirmando que el Papa Emérito siempre había celebrado en comunión con Francisco.
Inmediatamente nos dimos cuenta de que la carta era falsa. El propio Monseñor Gänswein lo desmintió todo calificando la carta de "falsificación y mentira, pura fake news". Por lo tanto, si era mentira que Benedicto celebraba en comunión con Francisco, necesariamente lo hacía en comunión consigo mismo, ya que el verdadero Papa era él.
Pero incluso después de su muerte, el Papa Benedicto dejó otros signos elocuentes. En el escrito notarial (el rogito) colocado en su ataúd, llegado cronológicamente a 2013, el escrito cita íntegramente su Declaratio en latín sin proporcionar ninguna explicación y continúa diciendo que Benedicto vivió sus últimos años en oración y meditación. Ninguna alusión a dimisión, renuncia al papado o abdicación.
Absolutamente increíble para un Papa que, según la narrativa común, habría abdicado por primera vez en 600 años. Por cierto, el Papa Ratzinger afirmó dos veces en "Últimas conversaciones" que era el primer Papa que había dimitido en mil años. Si realmente hubiera abdicado, habría sido el primer Papa en hacerlo en exactamente 598 años (siendo el último Gregorio XII en 1415). Pero en efecto, Benedicto XVI no abdicó: renunció al ministerium al igual que lo había hecho exactamente mil años antes, en 1013, el Papa Benedicto VIII.
Una objeción típica es: ¿por qué el Papa Benedicto no habló claramente? Por dos razones: en primer lugar, porque se encontraba en Sede Impedita y un prisionero no puede decir y hacer exactamente lo que le parece. En segundo lugar, por una razón de tipo espiritual: como él mismo explicó en 2021, era necesario "separar a los creyentes de los no creyentes". Esta separación la encontramos en el teólogo Ticunio: en la Iglesia de Cristo está escondida la "iglesia del diablo", que solo saldrá a la luz tras una gran discessio (una retirada de la Iglesia de Cristo).
Gracias al Código Ratzinger que explica la cuestión canónica, el Papa Benedicto está así, aún hoy, reclutando un ejército de nuevos católicos: personas dotadas de inteligencia, intuición, fe y valor. Todos los demás dirán que se trata de conspiración o fantasías novelescas, negándose a constatar incluso las realidades más evidentes. Pero como dice el Evangelio: «Si estos callan, gritarán las piedras».
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